ENTRA nella community dei FANS di Adriano Celentano!
mar 15 2011

Russia-Italia/ Per l’Anno della Cultura Mosca sognava Celentano

Ma oggi l’Italia per i russi è arte, stile e bella vita

Che siano mogli di oligarchi che vogliono imparare a parlare nella lingua di Dante con il loro personal trainer a Forte dei Marmi o giovani curiosi di scoprire di più della cultura italiana oltre allo stereotipo “gelato, pizza e Adriano Celentano”, i russi nutrono un amore atavico per il nostro Paese. Gli italiani sono visti come il popolo più vicino dal punto di vista caratteriale: passionalità, generosità e un pizzico di indolenza avvicinano i due popoli così distanti, se si pensa solo alle opposte condizioni climatiche in cui vivono entrambi. L’Italia è prima di tutto arte. San Pietroburgo e Mosca, “testa e cuore della Russia” come le definì Napoleone, poggiano le loro basi sull’opera di archetti italiani come Francesco Bartolomeo Rastrelli o il maestro Aristotele Fioravanti. L’Italia è anche letteratura, a cominciare dalle scuole, dove Gianni Rodari fa parte dei programmi e il suo Cipollino è un eroe nazionale, a cui sono dedicati ristoranti di lusso e anche un popolare balletto del 1973. I libri di Umberto Eco, invece, animano sempre accese discussioni anche tra i giovani nei pub. L’Italia è oggi stile. I ricchi russi fanno a gara per avere architetti italiani che arredino le loro lussuose dimore alla Rubliovka, la Beverly Hills moscovita. Quella degli appartamenti “all’italiana” è tra le categorie più prestigiose nell’immobiliare: anche se in realtà si tratta di un gusto adattato alle esigenze di sfrontata opulenza dei paperoni russi. L’Italia è anche business e piacere. Molti giovani ambiscono a lavorare per un’impresa del nostro paese: l’italiano si studia nelle università, ma registra un interesse crescente anche nelle scuole come lingua facoltativa. A breve sarà pubblicato il primo manuale di lingua italiana per le medie, firmato dalle due italianiste Nadia Dorofeeva e Galina Krasova. “Ci sono russi che vogliono imparare l’italiano per lavoro, come alcuni banchieri ossessionati dal voler controllare la traduzione degli interpreti – racconta la professoressa Dorofeeva – ma anche russi interessati solo a parlare con l’agente immobiliare dell’ultima casa avvistata in Versilia”. Le lezioni private di italiano spopolano dietro il filo spinato dei loro villoni, dove per due ore accademiche si paga anche 200 euro. L’Italia è soprattutto musica. Al Masterskaja, uno dei locali della scena underground moscovita, si sono esibiti di recente i “Fratelli per bene”, trio italo-russo dal repertorio che mescola il cabaret italiano degli anni ’50 coi cantautori dell’era sovietica come Vladimir Vysotsky. Il frontman del gruppo, Sergey Nikitin, è professore di storia dell’arte italiana all’Università dell’Amicizia tra i popoli a Mosca. “Cerchiamo di raccontare un’altra Italia da quella che qui tutti conoscono con Toto Cutugno o Domenico Modugno – spiega a TMNews Nikitin – portiamo in scena Fabrizio De André, Franco Battiato e Paolo Conte, che ormai è molto apprezzato dall’intellighenzia”. “A livello nazionale, però, – continua Nikitin – è ancora Adriano Celentano l’icona dell’italianità: tutti ricordano il suo ultimo concerto a Mosca nel 1987 ognuno di noi farebbe di tutto per vederlo dal vivo. Peccato, perché l’Anno della cultura italiana in Russia poteva essere un’occasione”.

14/03/2011 – TMNews.it


feb 17 2009

El único hombre capaz de hablar con Italia

¿Quién comprende a Italia? No creo que la comprenda Giulio Andreotti, aunque conozca, muy probablemente, sus secretos más oscuros. Tampoco Berlusconi, aunque conozca su precio. Quizá quien más se aproxime al conocimiento del misterio, por vías que oscilan entre la mística y el topicazo, sea Adriano Celentano. Lo recién dicho suena a burrada, cierto. Pero cuando Celentano habla, Italia escucha. Luego Italia aplaude o se cabrea, protesta contra las incoherencias banales de Celentano o elogia su sinceridad. Hasta que el tipo vuelve a hablar, y el país escucha de nuevo.

Celentano es un artista de variedades. Ha sido imitador de Jerry Lewis, bailarín, actor y, sobre todo, compositor y cantante. De acuerdo, su currículo no parece el más apropiado para un profeta nacional. Tampoco el currículo de Berlusconi resulta modélico para el primer ministro de un país democrático, y ya ven.

¿Qué tiene de especial Celentano? Nada en concreto. Creó el himno oficioso de Italia, que no es el Volare de Modugno, como podría pensarse desde fuera, sino Azzurro. Eso es algo. Empezó a trotar escenarios en 1958 y ha mantenido una altísima popularidad, ininterrumpida, hasta hoy: resulta familiar, por tanto, para cualquier ciudadano italiano. Dice lo que le da la gana, lo cual constituye también un factor a tener en cuenta.

Lo anterior no explica por qué cualquier programa televisivo de Celentano alcanza audiencias aberrantes, cercanas, en casos puntuales, al 70%. Su programa Rockpolitik (2005), cuatro emisiones de tres horas cada una, fue casi un fenómeno telúrico. Nunca se ha sabido con exactitud cuánto pagó la RAI, la televisión pública, por Rockpolitik. Celentano daba un miedo atroz a los dirigentes de la RAI, y el director de RAI-1, Fabrizio del Noce, prefirió dimitir “temporalmente” antes del primer episodio y retomar ágilmente el cargo después del último. Rockpolitik fue, objetivamente, una de las mejores cosas que ha dado jamás la televisión europea. El sketch de la carta a Berlusconi, inspirado en una escena de una vieja película de Totó y protagonizado por Roberto Benigni y el propio Celentano, constituye un modelo de lo que se puede improvisar ante una cámara. Los sermones morales de Celentano, por otra parte, constituyen un ejemplo de lo que sólo puede ocurrir en Italia.

Lo anterior, de nuevo, no explica por qué sus discursos, a veces erráticos, a veces demagógicos, compuestos de palabras simples, dudas y silencios, suscitan encendidas polémicas intelectuales. Umberto Eco le llamó qualunquista, es decir, heredero del movimiento político presuntamente apolítico que dejó como poso el fascismo. A veces Celentano parece qualunquista, es verdad. Otras veces, sin embargo, parece lo contrario. Salvo comunista o ateo, puede parecer cualquier cosa.

Celentano, que fue votante fiel de la Democracia Cristiana y mantiene un catolicismo carente del menor rasgo heterodoxo, suele burlarse de los políticos y se ensaña en especial con Berlusconi. Pese a ello, todo indica que vota a la coalición berlusconiana. Y en la terrible polémica desatada en torno a la agonía y muerte de Eluana Englaro, Celentano no ha escurrido el bulto. Publicó una carta en el Corriere della Sera apoyando a Berlusconi, por más que los esfuerzos de Il Cavaliere por mantener con vida a la joven en coma atufaran a electoralismo. “Si estuviera en el puesto de Berlusconi, haría lo mismo que él”, decía. Y tras expresar su comprensión por el drama que afligía a los padres de Eluana, hablaba de “homicidio de Estado”.

Adriano Celentano, nacido en Milán el 6 de enero de 1938, de familia proletaria y orígenes sureños, es fundamentalmente conservador. En los años setenta afirmaba que el beat (la palabra con que define la música pop anglosajona) fomentaba el uso de drogas duras y alejaba a los jóvenes del catolicismo. Nunca ha dejado de denunciar la desaparición de los valores morales y, a la vez, la destrucción de la naturaleza, la especulación inmobiliaria y financiera y el cinismo de la casta dirigente italiana.

Con todo esto no hemos conseguido explicar nada. Salvo, quizá, que Italia es aún más misteriosa de lo que pensamos. Y que Celentano es capaz de conectar, por las razones que sean, con ese misterio.

Enric González

15/02/2009 – ElPais.com (Spagna)